EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

LAS SIETE COPAS

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO XV

“En el cielo vi después otro prodigio grande y maravilloso: siete ángeles que llevaban siete plagas, las cuales son las últimas, es decir que con ellas habrá terminado la cólera de Dios. Había un mar de cristal amasado con fuego, y sobre él estaban de pie los vencedores de la bestia, de su imagen y de la marca de su nombre. Acompañándose con las arpas celestiales, ellos cantan el canto del servidor de Dios, Moisés, y el canto del Cordero: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor y Dios, que todo lo gobiernas. Justicia y verdad guían tus pasos, oh Rey de las naciones. ¡Señor! ¿Quién no daría honor y gloria a tu Nombre? Porque tú solo eres santo, y las naciones todas vendrán y se postrarán ante ti, pues ahora han visto tus fallos. Después se abrió el Santuario de la tienda del testimonio y del Santuario salieron los siete ángeles portadores de las siete plagas, vestidos de lino limpio y brillante, con el pecho ceñido con cinturones de oro. Uno de los cuatro vivientes entregó a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que vive para siempre. Entonces el Santuario se llenó de humo por estar ahí la poderosa gloria de Dios, de modo que nadie pudiera entrar hasta que se hubieran cumplido las siete plagas de los siete ángeles”

La historia de la humanidad se parece a una playa bañada por olas y vientos turbulentos, que se repiten sin cesar. Solo hace falta hacer un breve recuento de todas las guerras, divisiones y escándalos, que han existido desde el principio de la Civilización, para narrar lo que ha sido nuestra corta historia universal. El Apocalipsis es el mensaje profético, que reúne los más importantes acontecimientos, pasados, presentes, y futuros de la humanidad. Así, como los errores, que han marcado la historia, se repiten una y otra vez; de la misma forma, la Divina Providencia repite las mismas profecías, una y otra vez, para que el hombre, finalmente, crea y se convierta. Por eso, está escrito:

“Entonces me dijeron: Tienes que transmitir de nuevo las palabras de Dios relativas a numerosos pueblos, lenguas y reyes“

Apocalipsis 10, 11

Las Siete Copas del Apocalipsis representan los dolores de una humanidad infiel, que es víctima de su propio pecado. Dios no necesita esforzarse demasiado, para castigar a un mundo, que se olvidó del Supremo Hacedor. El mundo mismo, con todo lo que hay en él, será víctima de su propia iniquidad. Las últimas siete plagas de los últimos siete ángeles, hacen referencia a las señales del final de los tiempos. Estas últimas siete copas, guardan relación directa, con los siete anuncios de las siete trompetas del Apocalipsis. Por eso, está escrito:

“En el cielo vi después otro prodigio grande y maravilloso: siete ángeles que llevaban siete plagas, las cuales son las últimas, es decir que con ellas habrá terminado la cólera de Dios

Las siete copas llenas del furor de Dios, son la confirmación del mensaje profético contenido, en el toque de las siete trompetas, y en la apertura de los siete sellos del Apocalipsis. San Juan tiene una visión sobrenatural de todos los mártires y santos en el Cielo, los cuales ya gozan de la gloria en la Eternidad. Como el oro se acrisola en el fuego, así también, en esta Tierra, el espíritu del justo es purificado en el fuego del sufrimiento. No importan los padecimientos y contradicciones de la vida presente, si el premio es grande y majestuoso, a imagen de un “mar transparente como el cristal”. Así es, y así está escrito:

“Del trono salen relámpagos, voces y truenos. Siete antorchas arden ante el trono, que son los siete espíritus de Dios. Ante el trono se extiende un mar como de cristal transparente. A los cuatro lados del trono permanecen cuatro vivientes llenos de ojos por delante y por detrás”

Apocalipsis 4, 5 - 6

“Había un mar de cristal amasado con fuego, y sobre él estaban de pie los vencedores de la bestia, de su imagen y de la marca de su nombre”

La “marca del nombre de la bestia”, representa, el “estado permanente de pecado”, en el cual viven muchos hombres y mujeres materialistas, que han perdido su propia conciencia. Estos hombres y mujeres son “muertos vivientes”, que se limitan a adorar aquello que es temporal y efímero. Estamos invitados a imitar a  los santos del Cielo, que fueron capaces de vencer el mal, a fuerza de bien. Ser santo es ser perfecto, a imagen de Jesucristo, Nuestro Señor. No es suficiente, con ser bueno, con aquellos que nos aman. Hace falta hacer obras, que demuestren la pertenencia a Dios. Hoy en día, hay “gente que se cree santa”, solamente, por asistir cada ocho días a la Santa Eucaristía. Los mandamientos de Dios son diez, no son, únicamente, dos o tres. Serán, entonces, “vencedores de la bestia”, aquellos que rechazan la idolatría dirigida al “dios poder” y al “dios tener”. Serán “vencedores de la imagen de la bestia”, aquellos que rechazan la tentación propuesta por los actuales medios de comunicación social, que hacen ver como bueno, lo que es realmente sucio y repugnante. Vale la pena, seguir a Cristo Jesús. Vale la pena estar en el mundo, sin ser del mundo, porque está escrito:

“Un tercer ángel pasó después, clamando: ‘Si alguien adora a la bestia o su imagen o se hace marcar en la frente o en la mano, éste también tomará el vino puro del furor de Dios, que ya está preparado en la copa de su enojo. Sufrirá el suplicio del fuego y del azufre en presencia de los ángeles santos y del Cordero. Por los siglos de los siglos se eleva el humo de sus suplicios. No, no hay reposo para ellos ni de día ni de noche, tanto para los que adoraron a la bestia y su imagen como para el que lleva la marca de su nombre’ “

Apocalipsis 14, 9 - 11

Roguemos a Dios, para que al atardecer de nuestra vida, nosotros también podamos cantar y alabar a Dios, por toda una Eternidad, como los ángeles y santos del Cielo, adoran al Supremo Hacedor de todo cuanto existe:

“Acompañándose con las arpas celestiales, ellos cantan el canto del servidor de Dios, Moisés, y el canto del Cordero: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor y Dios, que todo lo gobiernas. Justicia y verdad guían tus pasos, oh Rey de las naciones. ¡Señor! ¿Quién no daría honor y gloria a tu Nombre? Porque tú solo eres santo, y las naciones todas vendrán y se postrarán ante ti, pues ahora han visto tus fallos”

Te postrarás ante Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre. No tendrás otros dioses. Solo rendirás culto a Dios Padre Todopoderoso, a través de Jesucristo, Nuestro Señor, y bajo la acción del Espíritu Santo. Venerarás a María Santísima, como Vuestra Madre. Serás fiel a la doctrina de la Iglesia fundada por Cristo Jesús, Señor Nuestro. La Iglesia que es: Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. Dios será para ti un Padre, y tú serás para Él un hijo. Es este el motivo, por el cual, San Pablo compuso uno de los himnos más impresionantes, jamás escrito:

“El siendo de condición divina, no reinvicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó, tomando la condición de servidor, y llegó a ser semejante a los hombres. Más aún, al verlo, se comprobó que era hombre. Se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es El Señor, para la gloria de Dios Padre”

Filipenses 2, 6 - 11

Antes de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, Nuestro Señor se transfiguró delante de sus discípulos. Ellos aterrados contemplaron la Gloria del Hijo de Dios. Antes de comenzar a romper los siete sellos del Apocalipsis, el Cordero Resucitado recibe Honor, Adoración y Gloria en el Cielo. Antes del inicio de la proclamación del mensaje correspondiente, al toque de las siete trompetas del Apocalipsis, los ángeles del Cielo rinden culto y adoración, a Dios Padre Todo Poderoso. Del mismo modo, y después de la alabanza dirigida al Creador del Universo, aparecen los siete ángeles portadores de las siete copas, llenas del Furor de Dios, como está escrito:

“Después se abrió el Santuario de la tienda del testimonio y del Santuario salieron los siete ángeles portadores de las siete plagas, vestidos de lino limpio y brillante, con el pecho ceñido con cinturones de oro. Uno de los cuatro vivientes entregó a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que vive para siempre”

El “Santuario de la tienda del testimonio”, representa, la “Presencia de Dios”. El “Santuario de la tienda del testimonio”, nos recuerda la “Tienda de las Citas”, en la cual, Moisés se reunía con Yahvé, como aparece escrito a continuación:

“Y al entrar Moisés en la Tienda, la nube en forma de columna bajaba y se detenía a la entrada de la Tienda, mientras Yahvé le hablaba a Moisés. Cuando el pueblo veía la nube parada junto a la entrada de la Tienda, todos se ponían de pie y luego se postraban cada uno ante su carpa”

Éxodo 33, 9 - 10

El Supremo Hacedor, de todo cuanto existe, muestra, anticipadamente, su gloria a sus mensajeros, antes del comienzo del anuncio de la Santa Palabra de Dios; para así, dar ánimo y valor a aquellos, que han de ofrecer su propia vida, por el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. La palabra “ángel” significa “mensajero”. Son “ángeles” los apóstoles del Cordero, son “ángeles” los mártires cristianos, son “ángeles” los profetas del Antiguo Testamento. Son “ángeles”: Los presbíteros, obispos, religiosos y diáconos, que han dedicado su existencia, al anuncio fiel del Evangelio. Dios, a través de su Iglesia, nos invita a orar, permanentemente, por nuestros “sacerdotes católicos”, los cuales, son nuestros “ángeles de la Tierra”. Desde los tiempos de Moisés y Aarón, los sacerdotes se vestían con túnicas de lino, con un cinturón de oro a la altura de pecho. Los sacerdotes son “puentes” entre Dios y los hombres, como está escrito:

“del Santuario salieron los siete ángeles portadores de las siete plagas, vestidos de lino limpio y brillante, con el pecho ceñido con cinturones de oro

La expresión: “Uno de los cuatro vivientes entregó a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que vive para siempre”, designa, el cumplimiento de las profecías contenidas en las sagradas escrituras, con referencia a los signos que harán antesala a la “Parusía”, o, “la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo a la Tierra”. El texto: “los cuatro vivientes”, apunta, claramente, a los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Al leer, por ejemplo, el Capítulo 24 del Evangelio de San Mateo, es fácil hallar sorprendentes coincidencias con el Apocalipsis de San Juan, como se estudiará en el link correspondiente a “Las Profecías del Fin del Mundo”. Así, el texto: “Uno de los cuatro vivientes entregó a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que vive para siempre”, hace referencia a la aparición de siete grandes señales, que serán la antesala de la “Parusía”. Estas siete grandes señales, fueron profetizadas por el Apóstol San Juan, en las siete copas del Apocalipsis. Según este fragmento apocalíptico, estas señales serán entregadas, por uno de los cuatro evangelistas, a los ángeles de Dios. Siendo el apóstol San Juan, al mismo tiempo, uno de los cuatro evangelistas, y el autor del libro del Apocalipsis, es posible, que este pasaje se refiera, exclusivamente, a él. No se trata aquí, de afirmar que: En la Eternidad, el espíritu del apóstol San Juan va a entregar la orden, a través de la cual, los ángeles de Dios van a castigar a la Tierra y a sus habitantes, con siete grandes plagas. La expresión: “Uno de los cuatro vivientes entregó a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que vive para siempre”, se refiere, concretamente, al perfecto cumplimiento de las profecías contenidas en el libro del Apocalipsis, especialmente, lo relacionado con las siete copas llenas del furor de Dios. Las siete plagas, de las cuales habla el Apocalipsis, corresponden a las siete grandes consecuencias, de la pasada, actual y futura iniquidad, de una humanidad pecadora, que se ha negado a cumplir, sistemáticamente, la Santa Voluntad de Dios. Estas siete copas recogen, las profecías más significativas del Final de los Tiempos, contenidas en el Antiguo y Nuevo Testamento.

Nada manchado puede entrar en el Reino de los Cielos. Solamente, los puros de corazón verán a Dios. El Purgatorio es el estado del alma, que permite la purificación del espíritu, para que éste pueda descansar, finalmente, en la paz del Señor. El Purgatorio, como purificación, no es agradable; puesto que, purificarse es sufrir, y en el Purgatorio se sufre todo el tiempo, porque no se puede ver a Dios. En esta vida, podemos purificar muchos pecados; si ofrecemos, con paciencia, los sufrimientos a Dios. En el Purgatorio, muchas almas esperan, ansiosamente, la llegada del Juicio Final; para así, poder entrar en el Reino de los Cielos. Las siete plagas de los siete últimos ángeles del Apocalipsis, y la Parusía, son los acontecimientos, que harán antesala, al Juicio Final. Por eso, está escrito:

 “Pero creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren como creyentes; de ahí que su inquietud era santa y de acuerdo con la fe. Esta fue la razón por la cual Judas ofreció este sacrificio por los muertos; para que fueran perdonados de su pecado

II Macabeos 12, 45 - 46

“Te aseguro que no saldrás de ahí sino cuando hayas pagado hasta el último centavo”

San Mateo 5, 26

“En ella no entrará nada manchado. No, no entrarán los que cometen maldad y mentira, sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero”

Apocalipsis 21, 27

 “Entonces el Santuario se llenó de humo por estar ahí la poderosa gloria de Dios, de modo que nadie pudiera entrar hasta que se hubieran cumplido las siete plagas de los siete ángeles”

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno, permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que en el día de tu juicio, seamos dignos de entrar en el Reino, que ha sido preparado por Dios. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.



ÍNDICE DE TEMAS

1.    PRÓLOGO

2.    ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

3.    CAPÍTULO I - Versículos 1 - 3: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

4.    CAPÍTULO I - Versículos 4 - 8: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

5.    CAPÍTULO I - Versículos 9 - 11: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

6.    CAPÍTULO I - Versículos 12 - 20: VISIÓN  DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

7.    CAPÍTULO II - Versículos 1 - 7: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

8.    CAPÍTULO II - Versículos 8 - 11: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

9.    CAPÍTULO II - Versículos 12 - 17: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

10.  CAPÍTULO II - Versículos 18 - 29: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

11.  CAPÍTULO III - Versículos 1 - 6: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

12.  CAPÍTULO III - Versículos 7 - 13: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

13.  CAPÍTULO III - Versículos 14 - 22: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

14.  CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

15.  CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

16.  CAPÍTULO VI - Versículos 1 - 8: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

17.  CAPÍTULO VI - Versículos 9 - 11: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

18.  CAPÍTULO VI - Versículos 12 - 17: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

19.  CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

20.  CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

21.  CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

22.  CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

23.  CAPÍTULO XI  - Versículos 1 - 14: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

24.  CAPÍTULO XI  - Versículos 15 - 19: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

25.  CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

26.  CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

27.  CAPÍTULO XIV: LOS 144000 EN EL MONTE SIÓN

28.  CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

29.  CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

30.  CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

31.  CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

32.  CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

33.  CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

34.  CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

35.  LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO








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ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

COMIENZO DEL APOCALIPSIS

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VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

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EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

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LA MUJER Y EL DRAGÓN

LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

LOS 144000 EN EL MONTE SIÓN

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