EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO VI - VERSÍCULOS 12 - 17

“Y mi visión siguió. Cuando el Cordero abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto. El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna se volvió como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como higos pasmados que caen de una higuera agitada por el huracán. El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla y no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar. Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros, diciendo: ‘Caigan sobre nosotros cerros y rocas y escóndanos del que se sienta en el trono, y de la cólera del Cordero. Porque ha llegado el día grande de su enojo, y ¿quién lo podrá soportar?’ ”

A través de las sagradas escrituras, se puede profetizar, claramente, el Día de la Ira de Dios. Desafortunadamente, muchas de las antiguas profecías sobre el Día de la Cólera del Señor, coinciden, perfectamente, con cientos de revelaciones privadas de la Santísima Virgen María y Nuestro Señor Jesucristo, realizadas en los dos últimos siglos. Si bien, para el Fin del Mundo, se anuncian desastres similares a los profetizados para el Día de la Ira de Dios, el Fin del Mundo será la antesala del Juicio Final, el cual a su vez, estará precedido por la segunda venida de Cristo a la Tierra. Durante dos mil años de historia, la Iglesia Católica no se ha esforzado demasiado en realizar predicciones sobre el Día de la Cólera del Señor, porque la esencia misma del mensaje cristiano es: “Estar preparados en todo tiempo y lugar, porque nadie sabe el día, ni la hora”. Esta es la verdadera sabiduría que todo bautizado debería poner en práctica, porque estar preparados es: “Estar en Gracia de Dios”. Así, está escrito:

“Por eso, estén despiertos, porque no saben en que día vendrá su Señor”

San Mateo 24, 42

Tú no sabes en que día vas a morir; tú no sabes en que día, Dios te tomará cuenta, de todo lo que hayas hecho y dejado de hacer; tú no sabes si mañana mismo caerá, como un trueno, el Día de la Ira del Señor. Lo único que sabes es que no importa la hora y el lugar, siempre debes estar en Gracia de Dios, viviendo este momento como si fuera el último instante de tu vida.

En este mundo hay personas que viven muy despreocupadas de Dios; viven solamente para el trabajo, el placer, los negocios y el dinero. La sociedad actual vive de acuerdo a los parámetros establecidos por los medios de comunicación, los cuales están al servicio de satanás y sus ángeles. Cuando una cadena de televisión emite documentales referentes al Fin del Mundo, solo habla de profecías de grandes desastres naturales, causados, entre otras cosas, por la tercera guerra mundial. Todo esto es, simplemente, una forma de ganar rating. A estos canales de TV, siempre, se les olvida mencionar lo más importante: La conversión del mundo a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Hoy en día no es extraordinario hallar libros, páginas en internet y programas de televisión, que anuncian el Fin del Mundo para el 2012 u otra fecha cercana; como si el secreto de la fecha del Juicio Final fuera conocido por cualquier persona o cultura ancestral, tal como está escrito:

“En cuanto se refiere a ese día y a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles de Dios, ni siquiera el Hijo, sino sólo el Padre”

San Mateo 24, 36

El hecho que no conozcamos en que momento se despertará la Furia del Señor, no quiere decir que no estemos en capacidad de discernir los signos de los tiempos. En nuestros días, son demasiados los síntomas que nos avisan, que el Día de la Ira de Yahvé está más cerca, de lo que mucha gente cree. Para entenderlo, puedes leer el contenido del link referente a “Las Profecías del Fin del Mundo”. No es para nada incorrecto, interpretar los signos de los tiempos, a la luz de las Sagradas Escrituras y del Magisterio de la Iglesia, porque está escrito:

“Asimismo, cuando noten todas estas cosas que les dije, sepan que ya está cerca, a la puerta”

San Mateo 24, 33

La profecía contenida en el fragmento del Apocalipsis, correspondiente a la ruptura del sexto sello, se refiere tanto al Día de la Ira del Señor, como al Fin del Mundo. Esta revelación toma forma en la ruptura del sexto sello; porque es la desobediencia al sexto mandamiento, la causa por la cual, más almas van a parar al infierno. El sexto mandamiento de la ley de Dios, nos dice: “No fornicarás”. El número “seis”, significa: “imperfección”. El “seis” es aquel número que quiere ser igual “siete”, pero nunca llegará a ser “siete”. Si Dios hizo caer fuego sobre Sodoma y Gomorra, siendo el pecado de estas ciudades “mínimo”, comparado con la “inmoralidad moderna”… Entonces… ¿Qué clase de castigo se puede esperar para una humanidad desenfrenada, como la actual?... Este castigo, únicamente, se puede prevenir con una auténtica conversión a Cristo Jesús. Si la humanidad no se convierte de corazón al Evangelio, el Día de la Ira del Señor será el anticipo del Fin del Mundo. El comienzo de la profecía de San Juan, en la cual se describen, estos dos terribles acontecimientos, es el siguiente:

“Cuando el Cordero abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto. El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna se volvió como sangre”

La expresión: “se produjo un violento terremoto”, se refiere a los espantosos temblores que asolarán todo el planeta, tanto en el Día de la Ira de Dios, como en el Fin del Mundo. La Tierra no desaparecerá en el Día de la Ira del Señor. En el Fin del Mundo será borrado el planeta azul, y todo lo que hay en él. Así será, porque así fue profetizado:

El hombre será humillado, el mortal abatido ¡No se lo perdones! Métete entre las rocas, escóndete en el polvo, para no ver la cara de Yahvé, que da miedo o que brilla majestuosa, cuando él aparezca para hacer temblar la tierra

Isaías 2, 9 - 10

La expresión: “El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna se volvió como sangre”, corresponde a los fenómenos que harán antesala a la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo a la Tierra, como está escrito:

“Ahora bien, pasando a esos otros días, después de esa angustia, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y verán al Hijo del Hombre viniendo en medio de las nubes, con mucho poder y gloria”

San marcos 13, 24 - 26

La luna se pondrá colorada, el sol se avergonzará, cuando Yahvé de los Ejércitos venga a establecer su reinado sobre el cerro de Sión, en Jerusalén, y aparezca su gloria ante sus Ancianos”

Isaías 24, 23

De manera similar, para el Día de la Ira de Dios, se anuncia una oscuridad total, que cubrirá toda la Tierra. Así está escrito:

“Pues habrá llantos en todas las viñas cuando yo pase en medio de ti. ¡Ay de aquellos que suspiran por el día en que vendrá Yahvé! ¿Cómo será ese día para ustedes? Será un día de tinieblas, no de luz”

Amós 5, 17 - 18

“Será un día de cólera aquel día, de angustia y de congoja; día de destrucción y de abandono, de sombras y tinieblas; día de nubarrones y neblina”

Sofonías 1, 15

“¡Toquen la trompeta en Sión! Den la  alarma en mi monte santo ¡Tiemblen todos los habitantes del país, porque llegó el día de Yahvé, que se acercaba! ¡Día de tinieblas y de oscuridad, día de nubes y de espesa niebla! Un pueblo numeroso y fuerte, como jamás hubo otro ni lo habrá después de él, avanza y se extiende como aurora sobre los cerros”

Joel 2, 1 - 2

El pasaje: “las estrellas del cielo cayeron a la tierra como higos pasmados que caen de una higuera agitada por el huracán”, se refiere a la lluvia de fuego que caerá sobre la Tierra, tanto en el Día de la Ira de Dios, como en el Fin del Mundo. Así como Sodoma y Gomorra fueron destruidas por fuego que cayó del cielo; así, también, la humanidad será purificada de todos sus pecados. Así como el oro se acrisola en el fuego para borrar toda escoria, igualmente, lloverá fuego del cielo para limpiar el pecado de un mundo que se ha olvidado de Dios. Esta profecía se repite, una y otra vez, en las sagradas escrituras. En este nivel, lo importante no es preocuparse demasiado sobre la futura posibilidad de morir quemado; lo realmente fundamental es vivir en Gracia de Dios, en una conversión permanente a Jesucristo, Nuestro Señor. Así será, porque así fue profetizado:

“Ustedes sembraron heno y cosecharán sólo paja, mi respiración los quemará como una llama. Los pueblos quedarán reducidos a cenizas, como zarzamora cortada a la que le prenden fuego

Isaías 33, 11 - 12

“Salgan de allí, pueblo mío. Que cada uno de ustedes salve su vida ante el fuego de la cólera de Yahvé

Jeremías 51, 45

“Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. El fuego que lanzó de lo alto bajó hasta mis huesos; tendió una red a mis pies y me hizo caer de espaldas. Me dejó abandonada y siempre doliente”

Lamentaciones 1, 12 - 13

“Llegará, sin embargo, el día del Señor, como un ladrón. Entonces los cielos se disolverán con gran ruido. Los elementos se derretirán por el fuego, y la tierra con todo lo que encierra quedará consumida. Al enterarse de esta universal destrucción, ¡qué santa y religiosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y apresurando, por ese medio, la venida del día de Dios en que los cielos incendiados se disolverán y los elementos ardientes se derretirán!”

II Pedro 3, 10 - 12

En la primitiva comunidad cristiana, y poco después del ascenso de Nuestro Señor Jesucristo a los Cielos, los apóstoles y demás discípulos, esperaban el inminente advenimiento del Fin del Mundo. El Fin del Mundo será el mayor de los días de furia de Dios, porque en ese día desaparecerá la faz de este planeta. La expresión: “El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla”, designa la futura desaparición de las nubes y de la atmósfera terrestre en el Fin del Mundo, como aparece profetizado en el texto anterior del Nuevo Testamento. El fragmento: “no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar”, se refiere a los espantosos movimientos telúricos, que serán antesala de la futura explosión del núcleo de la Tierra, en el Fin del Mundo. La reiteración de este pasaje apocalíptico, se encuentra a continuación:

“Y hubo relámpagos, retumbar de truenos y un violento terremoto. No, desde que existen hombres sobre la tierra jamás se había visto terremoto tan violento

Apocalipsis 16, 18 - 20

“Desde el fin del mundo se escuchan cantos: ‘En honor al justo’. Pero yo digo: ¡Pobre de mí!, ¡pobre de mí!, los traidores han traicionado, los traidores han obrado pérfidamente. Pánico, fosa y trampa te esperan, habitante de la tierra: el que logre salvarse del pánico caerá en la fosa; y el que se libre de la fosa quedará atrapado en la trampa. Sí, las compuertas de lo alto se abrirán y los cimientos de la tierra se sacudirán. La tierra estallará en pedazos, la tierra crujirá y se agrietará, la tierra temblará y se sacudirá, la tierra se bamboleará como un borracho, se balanceará como una hamaca; tanto le pesarán sus pecados que caerá al suelo sin poder levantarse”

Isaías 24, 16 - 20

La escena que se describe en seguida, dibuja el horror propio del Fin del Mundo, en el cual, cielos y tierra desaparecerán.

“Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros, diciendo: Caigan sobre nosotros cerros y rocas y escóndanos del que se sienta en el trono, y de la cólera del Cordero. Porque ha llegado el día grande de su enojo, y ¿quién lo podrá soportar?”

En este fragmento, aquel “que se sienta en el trono” es Dios Padre Todo Poderoso, y el “Cordero” representa a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El pasaje: “Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros”, es la visión sobrenatural de acontecimientos futuros, en la cual, un profeta ve a hombres y a mujeres esconderse en cuevas y cavernas; porque el mundo se les vino encima; porque llueve fuego del cielo. Esta no es la única vez, que esta profecía aparece escrita en las sagradas escrituras.

“Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. Porque está por llegar el día en que se dirá: Felices las madres sin hijos, felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron. Entonces se dirá: ¡Ojalá los cerros caigan sobre nosotros! ¡Ojalá que las lomas nos ocultaran! Porque si así tratan al árbol verde, ¿qué harán con el seco?’

San Lucas 23, 28 - 31

La Santísima Virgen María y Nuestro Señor Jesucristo, describen, detalladamente, el futuro Día de la Ira de Dios, en lo que se conoce como: “La Profecía de los Tres Días de Tinieblas”. Esta profecía se repite, una y otra vez, en muchos de los mensajes privados entregados a diferentes videntes alrededor del mundo, durante los dos últimos siglos. He de aclarar que en el Vaticano, el 15 de noviembre de 1966, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, bajo su Santidad Pablo VI, eliminó el artículo 5to del capítulo 1339 del Código de Derecho Canónico; el cual no permitía publicar nuevas revelaciones, apariciones, visiones, profecías, etc. Tomando como referencia este permiso, en la interpretación del presente pasaje apocalíptico, anexaré algunos fragmentos de los mensajes sobrenaturales de Nuestro Señor Jesucristo.

"Sobre la tragedia que sobrevendrá, el Señor me dijo lo siguiente: Comenzara con un viento fuerte que vendrá del sur. El viento se esparcirá por todo el planeta y causará fuertes tormentas. Después de esto unos diez truenos al unísono golpearan la tierra con tal fuerza que esta temblará. Esta es la señal que la gran tribulación y la negra oscuridad están comenzando. Esto durará tres días y tres noches. Ante esto la gente debe refugiarse en sus casas, cerrarlas bien, tapar las ventanas, bendecir la casa y las personas con agua bendita y encender las velas benditas. Afuera habrá una violencia tal, que aquellos que se atrevan a mirar morirán. Todos los demonios andarán sueltos por la Tierra para que puedan destruir sus propias presas. Los demonios aullaran sobre la Tierra y llamaran los nombres de muchos para destruirlos. Ellos imitaran las voces de los parientes y amigos que no pudieron refugiarse a tiempo. Una vez que comience el horror, no abran la puerta a nadie bajo ningún concepto. En muchos lugares varias personas se reunirán asustadas. Del mismo grupo, algunos perecerán mientras que otros sobrevivirán. Para ese Día y ese momento, y para dicha oscuridad, muchos habrán preparado velas benditas, mas estas no arderán si las gentes no han vivido de acuerdo a mis mandamientos. Otros ni siquiera podrán encenderlas de miedo. Mas para aquellos que creen, aunque solo tengan un pedazo de cera, arderá y bastará para los tres días y las tres noches. Algunos caerán en un profundo sueño permitido por mí para que no tengan que ver lo que está pasando en la Tierra. Todos los edificios de la Tierra se derrumbarán y solo permanecerá en pie alguna casa humilde y sencilla en cuyo interior resplandecerá la luz de la vela. En muchos lugares las montañas de cadáveres serán tan grandes que los que sobrevivan no podrán abrirse paso entre ellos y no habrá quien los entierre. Los ángeles guardianes vigilarán sobre los elegidos para salvarse. Las casas que deban ser preservadas serán elevadas y protegidas por el poder de Dios en el momento del horror más agudo… Después de la destrucción, los que sobrevivan se reunirán al aire libre para celebrar misas de acción de gracias por haber sido salvados. Así es como sucederá. La tierra permanecerá desolada y vacía. Muchos sacerdotes también perecerán en esta gran tragedia. Aquellos que sobrevivan serán pobres, pues muchos de sus artículos mundanos se habrán perdido"

Mensaje de Jesucristo a Julia, joven croata, en Zagreb, Antigua Yugoeslavia, entre 1945 a 1976

 

“Hijo mío, hijo mío, he estado esperando este momento en el cual te revelaré de nuevo el gran amor de mi corazón. Mi amor hacia el hombre es muy grande, especialmente para los que se entregan a mí, son mi refugio y mi consolación en las muchas y terribles irreverencias que recibo en el sacramento de mi amor, la Sagrada Eucaristía. Ruega, ruega especialmente durante este año jubilar de 1950, ruega y haz reparación por mí ¡Aconseja a los demás a hacer lo mismo porque está cerca el tiempo en el cual yo visitaré a mi pueblo desleal, porque no han prestado atención al tiempo de mi gracia! Persevera en la oración, para que tu adversario no tenga dominio sobre ti. Di al pueblo que esté preparado en todo momento, porque mi juicio caerá sobre ellos repentinamente y cuando menos lo esperen... Nadie escapará a mi mano, los encontraré a todos. Protegeré a los justos. Observa el sol, la luna y las estrellas de los cielos y cuando aparezcan indebidamente alterados y revueltos, debes saber que no está lejano el día. Permaneced unidos en la oración y vigilantes hasta que el ángel de la destrucción haya pasado vuestras puertas. Rogad para que estos días sean acortados. Una y otra vez he avisado a los hombres y a menudo les he dado oportunidades especiales para volver al verdadero camino; pero ahora la perversidad ha alcanzado su punto máximo y el castigo no puede aplazarse por más tiempo. Aunque aún mi corazón sufre y se desangra por el amor de los hombres, debo tratar de evitar este golpe. Di a todos los hombres que ha llegado el tiempo en que todas estas cosas se cumplirán. Mi bien amado, ten confianza, que estoy entre vosotros. Mi reino será glorificado, y mi nombre será glorificado desde la salida del sol hasta la puesta, y mi reino no tendrá fin. Os bendigo por el Año Santo. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amen. Rogad, haced reparación, sed fervientes y mortificados, muchas cosas están en peligro. Rogad, los hombres corren hacia el camino del infierno, dedicados a las diversiones y a pasarlo bien, como si fueran a un baile de máscaras o a la fiesta de la boda del mismo diablo ¡Ayúdame en la salvación de las almas! La medida del pecado está colmada, y el día de la venganza, con sus terroríficos sucesos, está cercano, más cerca de lo que os podéis imaginar, y el mundo duerme en una falsa seguridad. El juicio divino los golpeará como una descarga de rayos. Este pueblo sin Dios y perverso, será destruido sin piedad como los habitantes de Sodoma y Gomorra de la antigüedad. Si, yo te digo que su perversidad no fue tan grande como la de los seres humanos actuales. Mantened las ventanas bien cubiertas, No miréis afuera. Encended una vela bendita que bastará para muchos días. Rezad el Rosario. Leed libros espirituales. Haced actos de amor que tanto nos agradan. Rezad con los brazos extendidos o postrados sobre el suelo, de manera que se puedan salvar muchas almas. No salgáis de la casa. Haced acopio de alimentos ¡Se desataran las fuerzas de la naturaleza y una lluvia de fuego hará temblar de miedo a las gentes! Tened valor, estoy entre vosotros. Cuidad de los animales en esos días. Soy el creador y preservador de todos los animales, así como del hombre. Os daré de antemano algunos signos para que en éste tiempo pongáis más alimentos delante de los animales. Preservaré la propiedad del escogido, incluyendo los animales, pues ellos necesitarán sustento. Después que nadie atraviese los recintos, ni salga, incluso para alimentar a los animales. Cubrid vuestras ventanas cuidadosamente. El que de un paso fuera, perecerá, mi escogido no deberá ver mi ira. Tened confianza en mí. Yo seré vuestra protección. Vuestra confianza me obliga a ir en vuestra ayuda. La hora de mi llegada está cerca. Pero mostraré mi gran misericordia. Los tiempos serán testigos de los más horribles castigos. Mis ángeles que serán ejecutores de éste trabajo, están preparados con sus afiladas espadas. Tendrán especial cuidado de aniquilar todos aquellos que se burlaban de mí. Huracanes de fuego se derramaran a través de las nubes y se extenderán por toda la tierra durante tres días una lluvia ininterrumpida de fuego tendrá lugar. Empezará durante una noche muy fría, y todo esto para probar que Dios es el dueño de la Creación, aquellos que tienen fe en mí, y creen en mis palabras, no tienen que temer porque Yo no los abandonaré, ni a aquellos que extendieron mi mensaje. A aquellos que estén en estado de gracia, no les sucederá ningún mal, ni tampoco a los que busquen la protección de mi Madre, María Santísima. Para que estéis preparados para estas visitas, os daré los siguientes signos e instrucciones: La noche será muy fría. El viento rugirá y a continuación se oirán rayos y centellas. Cerrad todas las puertas y ventanas y no habléis a nadie fuera de casa. Arrodillaos delante de un crucifijo y arrepentíos de vuestros pecados y pedid la protección de mi Divina Madre María Santísima. No miréis durante el terremoto porque la cólera de Dios es Santa. Jesús no quiere que contemplemos la cólera de Dios porque la ira de Dios debe ser contemplada con temor y estremecimiento. Aquellos que no cumplan este aviso serán matados instantáneamente. El viento traerá consigo gases envenenados que serán difundidos sobre la tierra entera. Aquellos que sufran y mueran inocentemente, serán mártires y estarán conmigo en mi reino. Satanás triunfará, pero al cabo de tres noches, el terremoto y el fuego cesarán, después de estos días el sol volverá a brillar y los ángeles descenderán del cielo y extenderán el Espíritu de Paz sobre la tierra. Un sentimiento de inmensa gratitud tomará posesión de aquellos que sobrevivan a esta terrible prueba, el castigo más amenazador conque Dios haya visitado la tierra desde la Creación. He escogido también almas en otros países tales como Bélgica, Suiza, España, que han recibido estas revelaciones, de manera que otros países estén preparados. Rezad mucho durante este Año Santo de 1950. Rezad el Rosario pero rezadlo bien de manera que vuestras oraciones alcancen el cielo ¡Pronto caerá sobre el mundo entero el más terrible castigo que nunca antes se ha experimentado! Con qué indiferencia se preparan ellos mismos para estos inauditos hechos por los cuales tendrán que pasar en breve. El peso de la Divina balanza ha alcanzado la tierra. La ira de mi Padre se derrama sobre el mundo entero. Estoy de nuevo avisando al mundo a través vuestro, como a menudo he hecho en otros tiempos. Los pecados de los hombres se han multiplicado sin medida: irreverencias en la iglesia, orgullo pecaminoso cometido en fingidas actividades religiosas; falta de amor fraterno, indecencia en el vestido, especialmente en los lugares de veraneo ¡El mundo está lleno de iniquidades! Esta catástrofe caerá sobre la tierra como un chorro de luz, en cuyo momento la luz del sol de la mañana será reemplazada por profunda oscuridad nadie deberá abandonar la casa ni mirar a través de la ventana desde aquel momento en adelante, Yo mismo vendré entre el triunfo y el relámpago. El perverso contemplará mi Divino Corazón. Habrá gran confusión a causa de esta profunda oscuridad en la cual la tierra será envuelta y muchos morirán de miedo y desesperación. Aquellos que hayan luchado por mí recibirán gracia de mi Divino Corazón y el grito de "Quién como Dios" servirá de medio de protección para muchos. Sin embargo, muchos se quemarán en los campos abiertos como hierba seca. Los “sin-dios” serán aniquilados de manera que el justo, después, podrá empezar de nuevo. Durante el día tan pronto como la completa oscuridad haya llegado, nadie abandonará la casa ni deberá mirar a través de la ventana, la oscuridad durará un día y una noche, seguida por otro día y otra noche y otro día, pero en la noche siguiente, el sol se levantará de nuevo y será primavera. En los días de oscuridad, mi escogido no deberá dormir, como los discípulos en el Huerto de los Olivos ¡Reuniré a mis escogidos!, el mismo infierno se creerá estar en posesión de toda la tierra, pero Yo la reclamaré ¿Pensáis quizá que Yo permitiría a Mi Padre que tan terribles castigos cayeran sobre el mundo, si el mundo volviera de la iniquidad a la justicia? Pero a causa de mi gran amor, será permitido que estas aflicciones caigan sobre el hombre, aunque muchos renegarán de mí, aún millares de almas serán salvadas por ello. Ningún entendimiento humano puede sondear la profundidad de mi amor. Rezad, rezad, deseo vuestras oraciones, mi querida Madre Santísima, San José, Santa Isabel, San Conrado, San Miguel, San Pedro y Santa Teresita y vuestros ángeles serán vuestros intercesores ¡Implorad su ayuda! Valientes soldados de Cristo, a la vuelta de la luz dad cada uno gracias a la Santísima Trinidad por su protección. La devastación será grande, muy grande, pero yo, vuestro Dios habré purificado la tierra. Estoy con vosotros, tened confianza en mí. Pensáis que no sois eternos. Pensad, el tiempo es breve. Si pensad que esto es para que cambien, para que vuestra vida sea amor. Pensad que podéis morir dentro de un momento, que tal vez mucho de vosotros que leéis estas líneas no amaneceréis. Meditad y tomad todo esto como Misericordia y Amor de Dios que es amor y por amor permitirá que ya no os perdáis más. ¡Cambiad, sí, es urgente! No penséis más en lo vano; pensad en lo eterno, que para eso fuisteis creados, para vivir eternamente. Rogad, sí, para que se os conceda la gracia de tener el alma preparada para recibir la muerte en gracia de Dios. ¡Esto es lo más importante!”

Mensaje de Jesucristo al Santo Padre Pío de Pietrelcina, en 1950

 

No hace falta volver a repetir la profecía completa, correspondiente a la ruptura del sexto sello del Apocalipsis, y, compararla con las frases contenidas en las distintas revelaciones privadas de Nuestro Señor Jesucristo. No hace falta ser un teólogo de renombre, para detectar las escalofriantes coincidencias, entre el citado fragmento de la profecía de San Juan, y las revelaciones de Nuestro Señor Jesucristo. El Fin del Mundo y el Día de la Ira de Dios, están explicados, detalladamente, en el link correspondiente a “Las Profecías del Fin del Mundo”.

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno, permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que en el momento que llegues a juzgarnos en el amor, nos encuentres preparados, llenos de buenas obras y en Gracia de Dios. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.



ÍNDICE DE TEMAS

1.    PRÓLOGO

2.    ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

3.    CAPÍTULO I - Versículos 1 - 3: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

4.    CAPÍTULO I - Versículos 4 - 8: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

5.    CAPÍTULO I - Versículos 9 - 11: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

6.    CAPÍTULO I - Versículos 12 - 20: VISIÓN  DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

7.    CAPÍTULO II - Versículos 1 - 7: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

8.    CAPÍTULO II - Versículos 8 - 11: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

9.    CAPÍTULO II - Versículos 12 - 17: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

10.  CAPÍTULO II - Versículos 18 - 29: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

11.  CAPÍTULO III - Versículos 1 - 6: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

12.  CAPÍTULO III - Versículos 7 - 13: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

13.  CAPÍTULO III - Versículos 14 - 22: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

14.  CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

15.  CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

16.  CAPÍTULO VI - Versículos 1 - 8: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

17.  CAPÍTULO VI - Versículos 9 - 11: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

18.  CAPÍTULO VI - Versículos 12 - 17: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

19.  CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

20.  CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

21.  CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

22.  CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

23.  CAPÍTULO XI  - Versículos 1 - 14: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

24.  CAPÍTULO XI  - Versículos 15 - 19: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

25.  CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

26.  CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

27.  CAPÍTULO XIV: LOS 144000 EN EL MONTE SIÓN

28.  CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

29.  CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

30.  CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

31.  CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

32.  CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

33.  CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

34.  CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

35.  LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO








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ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

COMIENZO DEL APOCALIPSIS

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VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

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MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

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LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

LA MUJER Y EL DRAGÓN

LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

LOS 144000 EN EL MONTE SIÓN

LAS SIETE COPAS

LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO